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jueves, 18 de agosto de 2022

Kind of composers/ Los tres tipos de compositores

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En general, es difícil establecer dónde están las fronteras entre los tres tipos, a mi juicio, de compositores musicales de la actualidad. De hecho, en algunos casos, es probable que se entremezclen o que algunos asuman el papel de otros.

 

Las tres tipologías de compositor dependen en gran medida de sus propias necesidades y no tanto de la calidad o profesionalidad de los mismos.

 

COMPOSITOR CONTEMPORÁNEO

 

Aunque el término contemporáneo resulta un tanto presuntuoso, es habitual llamar así a un determinado grupo de compositores elitistas que buscan satisfacer su propio ego. Sus composiciones no están pensadas para ningún público a priori , sino en una búsqueda personal y en ocasiones un estatus que le sitúe en los pedestales en los que muchos aún viven.

 

Como contrapartida tienen total libertad, dentro de sus propios cánones, en la realización de sus obras y están alejados de la relación emisor-receptor, es decir, de un público del cual no precisa.

 

COMPOSITOR ECLÉCTIO

 

A este grupo, entre los cuales me incluyo, pertenecer una variedad de compositores que no quieren desprenderse de la relación con un determinado tipo de público, pero sin anteponer en ningún caso una necesidad de agradarles a cualquier precio.

 

Es un grupo heterogéneo entre los que se encuentran compositores de bandas sonoras, freelance para librerías de sonido, independientes, herederos de la tonalidad/modalidad, jazz, etc.

 

Dentro de las tres categorías es el grupo más «abierto» ya que puede transitar entre los otros dos tipos.

 

COMPOSITOR COMERCIAL

 

El compositor comercial sí está implicado en el proceso de recepción. De hecho, depende básicamente del público y compone pensando en sus gustos e intereses.

 

Por supuesto, en este grupo hay varias capas o niveles, aunque en general buscan el mismo fín.

 

Toda la música popular está orientada en este sentido, además se incluyen compositores para marketing, publicidad, tv, videojuegos, la música que oyes en determinados espacios como hospitales, clínicas, etc. también entran en este campo.

Son tres maneras de entender la composición desde perspectivas muy alejadas. Ninguna es «mejor» o «peor» que otra (términos muy poco válidos o irrelevantes en arte). Como en cualquier otra profesión o faceta de la vida hay un parámetro de calidad que dependen de muchos factores (implicación, talento creativo, disposición artística, etc).

 

Es muy habitual encontrar dentro de los llamadores compositores contemporáneos un cierto desdén hacia otras formas de entender la composición en el arte, Actitud poco loable y además carente de ninguna objetividad ni artística ni científica. Son apenas tres puntos de partida diferentes, que como he dicho, dependen de las propias necesidades e inquietudes de cada uno.

 

 

berekekê

domingo, 7 de agosto de 2022

Iimpunity on the internet/ impunidad en internet

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No me considero un negacionista de internet. Sin duda, ha favorecido al enriquecimiento y conocimiento global del planeta. Quien quera información lo tiene ahora mucho más fácil, eso sí, hay que elegir con inteligencia.

 

Pero internet también tiene una gran dosis de la «oscuridad» a la que se refería en «La Guerra de las Galaxias» de Lucas.

 

Aún después de tantas décadas que ha conectado a lser humano con sus iguales, existe un profundo vacío legal y una impunidad sin precedentes.

 

En el mundo de la industria musical, que es a lo que vamos, las plataformas como Spotify han encontrado subterfugios para no tener que rendir cuentas a nadie. En una reciente reclamción incluso se han permitido reirse de mi diciendo que no figuraba los links en los que se violaba mi privacidad. Vean si es cierto o no lo que digo:

 

https://open.spotify.com/album/5Y4UVcGaIbRM6M8IYtrWJM

 

Es un auténtico escándolo, pero aún hay más.

 

Google, a quien también reclamé esta violación de derechos, también se ha reído de mi casi con las mismas explicaciones que los secuaces de Spotify.

 

Poner en un tribunal a estos personajes es un tortuoso camino que no conduce a nada, salvo a que te gastes una fortuna en abogados. Ellos saben de esto y actúan en consecuencia. Existe una clara indefensión del usuario ante los poderes que controlan inter net.

 

A fín de cuentas, los juicios que suelen perder (que son muy pocos) no suponen una sangría para estos perversos multimillonarios que han hecho fortuna a costa de los demás.

 

Estos posts que dedico a mi guerra particular abierta contra sinvergüenzas están pensados para prevenirte de los enormes riesgos que corres cuando ofreces tu información. Y es más, eres también delincuente si contribuyes a su difusión.

 

El mundo paralelo cada vez resulta más hostil, más incivilizado y menos acorde con lo que se espera de él. Quienes viven de ellos han encontrado «el paraíso fiscal» para hacer y deshacer a su voluntad sin importar quien caiga en el camino.

 

 

berekelê

 

 

THE CRAFT OF COMPOSER/ EL OFICIO DE COMPOSITOR

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La mayor parte de las manifestaciones artísticas son artesanales, es decir, oficios y no profesiones. Hay un cierto halo de elitismo en la palabra «profesional» y un tanto ambiguo.

 

Se dice del profesional aquella persona que realiza un trabajo remunerado por cuenta propia o ajena. También se dice de aquel que lo ejecuta con impecabilidad. Sin embargo, la palabra profesional no necesariamente guarda una relación directa con las ganancias que uno recibe de ella.

 

Personalmente me gusta más el término «oficio» cuando se trata de arte, ya que mantiene un vínculo entre la tradición, el paso del tiempo, la generación, etc. de los cuales carece su homólogo «profesional».

 

Además, cuando uno usa ambos como sinónimos cae en la tentación de considerar que responden a un fin concreto: obtener una ganancia casi siempre económica.

 

El oficio es un trabajo que no tiene el rigor de horarios de los profesionales, o al menos a mí me lo parece. Ni busca como fin obtener un beneficio rentable, claro que ello no implica que tengan que mantenerse del aire como lo hacen algunos maestros de la India. Es más flexible y no establece un estatus tan marcado como «profesional-amateur» (ambas palabras con líneas fronterizas muy difuminadas y connotaciones un tanto jerárquicas de las que suelo huir).

 

Por todo ello, el compositor musical responde más a un oficio que a una profesión. Sin uno saber por qué, ni cómo, un buen día se encuentra con un instrumento (musical) en la mano (a veces más vocación de padre frustrado que de autodeterminación) y comienza un camino incierto y lleno de nebulosas aspiraciones. En algunos casos es algo casi accidental, no premeditado.

 

Cuando comencé a dar forma a MIRADORES, 2.003 rondaba ya la edad de treinta y tantos años y aunque había esbozado algunas composiciones adolescentes a la novia que nunca fue, sólo hasta entonces me pareció que aquella experiencia tenía algo de mágico, algo que no tenía ni siquiera la de ser intérprete (con todos los respetos y admiración). Cada idea era un espermatozoide en busca de fecundación. El acto creativo no es comparable a ningún otro tipo de manifestación.

 

La distancia que separa a un buen compositor de uno mediocre es muy relativa. a veces tan evidente como que si te cortas con un cuchillo saldrá sangre y no oro, pero otras dependerá de convencionalismos, de suerte, de inclinaciones y de muchos otros factores.

 

En cualquier caso, lo que siempre debe identificar a un artista, ya sea compositor musical o constructor de casas con cerillas de fósforo, es la honestidad. En el momento en que aparece el factor «dinero» todo empieza a tambalearse y el oficio da paso a la profesión, no siempre honrada con uno mismo ni con los demás.

 

Un compositor musical sólo está comprometido con su creación y lo demás vendrá (o no) dependiendo de factores externos.

 

En un artículo que leí hace algunos días sobre los Kleinmeister, tales como Giuseppe Lolli o Luigi Gattti, uno realmente se da cuenta de lo injusto de haber nacido en plena eclosión de W.A. Mozart que no sólo dio sepultura a estos maestros que trabajaban para Colloredo con obras, especialmente Gatti, habían sido el germen del niño prodigio convertido en un muchacho de altos vuelos, sino que además también hizo lo mismo con todos los compositores de la época a los que hoy llamarían de simples mediocres con cierto desdén. Eso sin contar la escasa relevancia del papel de compositoras que tal vez podrían haber estado a la altura del genial compositor y no pudieron o no fueron tan reconocidas.

 

El compositor musical debe contar con estos «imprevistos» y no someterse a la autocrítica dura encerrándose en una celda como lo haría una monja de clausura. Los años de dioses-compositores del Romanticismo han muerto y son un mito en manos de fanáticos dispuestos a subir a un pedestal con tal de verse reconocidos de alguna manera en ellos. Lo de W.A. Mozart es talento, incuestionable, pero también juegan otros factores a los que no tuvieron acceso otros aspirantes a genio.

 

A la honestidad debe seguir la perseverancia. Uno no puede ser compositor musical hoy y mañana futbolista en un club de división B. La composición es un trabajo que requiere, como ya hemos comentado en otros post, planificación y constancia. Como cualquier proceso creativo vendrá con periodos de vacas gordas y otras famélicas que dependerán también de aspectos ajenos incluso a lo musical, pero a fin de cuentas, nadie deja la composición de la noche a la mañana salvo que no tenga una verdadera vocación, salvo que no haya hecho de ella un oficio.

 

Es conveniente también tener en cuenta, al hilo de lo antes mencionado, que artista y famoso no son la misma cosa, como tampoco lo son las churras de las meninas. Si te interesa la fama, la popularidad, es más probable que estés en el campo de los «profesionales» o ni siquiera eso, en el campo de «dime que tengo que hacer para comer mañana». Tal vez leyendo biografías de compositores te darás cuenta que ninguno de ellos o al menos muy pocos, pudieron disfrutar de una vida de confort, lujo y exuberancias, más bien fueron pobres miserables aferrados a un ideal en el que crearían plenamente y es esto lo que los hace grandes e inigualables. En ello no difiere de otras artes.

 

Juegues en el campo que juegues, intenta dar lo mejor de ti sin aspirar a nada salvo al enorme placer de la creación. Son gajes del oficio.

 

berekekê

 

jueves, 21 de julio de 2022

MUSICAL COMPOSTION AND IDEOLOGY/ COMPOSICIÓN MUSICAL E IDEOLOGÍA

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En la anterior etapa de este blog ya hice algunas referencias a la relación existente entre música e ideología. M e gustaría recuperar algunas líneas de aquel post que me parecen interesantes.

 

La frontera que separa una manifestación artística como la música de una posición ideológica suele ser muy sutil. Por un lado, tendríamos que adentrarnos en una concepción filosófica o epistemológica de qué es la ideología.

 

Es innegable que cualquier ser humano, por el simple hecho de serlo, está inexorablemente ligado a tomar determinadas posiciones y actitudes ante el mundo que le rodea.

El álbum «El águila robada, 2.008» es una clara defensa de los valores que imperaron en los pueblos indígenas de América y «Kong, 2.015» lo propio de la necesidad de preservar la Naturaleza y el respeto a los ecosistemas de animales y plantas que pueblan en el planeta.

 

Sin embargo, hay que tener en cuenta dos aspectos trascendentales:

 

  • No es directamente proporcional la actitud con una determinada posición u orientación poítica
  • La música en sí, y en esto se diferencia de otras artes, no está sujeta de antemano a ningún posicionamiento, y de esto vamos a hablar a continuación.
  •   
    El rapto del Serrallo, ópera del catálogo mozartiano, pudo parecer o interpretarse como algo burdo, no apropiado para las audiencias acostumbradas a escuchar otro tipo de óperas. Si desprendemos a la obra de su libreto, continuaremos obteniendo una pieza maestra (aunque reconozco que no es de mis predilectas). Incluso suponiendo que el compositor vienes tenía una estrecha relación con el relato de  Gottlieb Stephanie, la música por sí misma se desliga completamente de una asociación que siempre tiene un carácter convencional, incluso para la propia teoría de los afectos. Es la música por la música. La séptima sinfonía de Shostakovich ha sido durante mucho tiempo una bandera contra la invasión de Hitler, pero el propio compositor retiró los títulos de los movimientos y declaró que no había una relación directa con esto. Aún de no ser cierto, la música podría ser tomada desde un punto de vista ajeno al contexto histórico político del momento y más en relación con el cultural o musical. La música por la música.
     Detrás de cada compositor existe una determinada orientación ideológica, pero nadie le ha preguntado a John Williams, una de las figuras imprescindibles para entender la música en el cine, si es republicano o demócrata, y quien lo hace, está movido por otros intereses que nada tienen que ver con el arte y mucho menos con la música. 
    Algunos artistas se han visto salpicados en estos días en España por sus preferencias políticas y parece que «Siempre estás allí» sonará de una forma u otra antes de estas declaraciones. Es algo realmente ridículo. Por tanto, y a no ser que sea expresa, como muchos artistas de la canción protesta, el vínculo música-ideología es bastante frágil por no decir inexistente.  
    Normalmente suelen ser quienes tienen un fuerte sentido de patriotismo ideológico quien difumina estas fronteras, perdiéndose en el camino grandes obras maestras que continuarán, mal que les pese, en los anales de la Historia de la Música. 
En estos días que asistimos a la terrible guerra en Ucrania, no dejo de asombrarme ante las posturas un tanto arbitrarias. "El cascanueces" de Chaikovski me sigue pareciendo absolutamente grandioso antes y después de la invasión rusa. Es tener una mente un tanto obtusa confundir composición musical e ideología. A las pruebas nos remitimos.

lunes, 18 de julio de 2022

REAL ALTERNATIVES TO THE MUSIC INDUSTRY/ ALTERNATIVAS REALES A LA INDUSTRIA MUSICAL

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La industria musical siempre ha sido calificada del peor mal de los artistas. En cierto modo es verdad, decía en una entrevista el productor Julián Ruiz, que cierto grupo nacional español que tuvo gran repercusión en los ochenta-noventa de la década pasada, ha perdido todos los derechos de su obra por los contratos que entonces se firmaban. En otra entrevista, Tibu, mánager y músico que fuera de la banda Banzai declaró que los contratos discográficos se firmaban en una servilleta de bar.

 

Son apenas dos ejemplos significativos de cómo funciona este mundillo (lo del diminutivo tiene una doble interpretación).

 

Actualmente existe una nueva industria musical, movida por la resignación de los artistas a recibir y vivir de la limosna que le brindan los gigantes del streaming. Me sigue pareciendo asombroso que Neil Young retirara su discografía de una de estos chupasangre  por motivos extra musicales. Es decir, por cierto podscat sobre la covid19, cuando realmente lo debería haber hecho por sentido común, por respeto al arte y por dignidad profesional. Claro, que a Neil Young le importa un bledo todo teniendo la fortuna que tiene. Así se mide el compañerismo en este oficio de la música.

 

Ya lo dije en cierta ocasión y lo mantengo. Por un lado, no descansaré de criticar a estas sanguijuelas que se aprovechan del arte para sacarte hasta la última gota de sangre y , por otro, que la alternativa estaba en los discos de vinilo.

 

Ramoncín, artista reconocido en España, hizo una interesante declaración al respecto. El oído emocional. No puedo estar más de acuerdo, pero es que además hay que dignificar el trabajo del artista. El que quiera música tiene que pagar por ella y no con limosnas. Es de juzgado de guardia que alguien pueda confeccionar una lista, como hizo un ucraniano, y ganar dinero a costa tuya y que aún sigan funcionando plataformas de esta calaña y que los artistas sigan rascándose el culo porque tienen lombrices, en lugar de comprarse un producto que las erradique.

 

 

Y lo peor está por venir, como dijo cierta ministra española. Con un IVA cultural de tal magnitud estrangulando sin reparo a los artistas que han tenido además que hacer frente a los efectos resacosos de la pandemia, con la crisis que se nos viene encima, con las plataformas de mierda que gobiernan el mercado; plantearse vivir de la música hoy es un suicidio en toda regla.

 

Hay además, como en mi caso, un efecto de agresión a la privacidad, cuando me quedé en shock al ver mi nombre y apellidos publicado en cierta plataforma sin autorización previa, así, tal cual. Fue entonces que comprendí que les importas muy poco y toda mi discografía fue sacada de las manos de estos ladrones de guante blanco. Aún así, tienen la desfachatez de seguir utilizando tus portadas y tus canciones que ya no están disponibles, para su reclamo publicitario. Es nauseabundo y no sé cómo hay quien no quiere verlo (me refiero a los artistas).

 

Si por cualquier motivo sigues pensando que el vinilo no es la solución, es respetable. Entonces te recomendaría que te olvides de intermediarios y crees una web donde puedas vender tu música. Esto tiene muchas ventajas: controlarás el mercado, tendrás clientes fieles que les interesa tu trabajo (no poner tu música en la barbacoa porque queda bien), y la manera en que decides grabar, producir y distribuir tus creaciones.

 

Todas estas recomendaciones serán de obligado cumplimiento si además no puedes dar conciertos, como es mi caso o el de muchos artistas que hacen un tipo de música muy dificil de trasladar a una sala de conciertos (por cuestiones técnicas o económicas).

 

Si lo que de verdad te interesa es la fama, entonces, olvídate de este post, no es para ti. Tendrás millones de reproducciones de tu música en las cuevas de ladrones y cómo no te importa, otros se ganarán la vida a costa tuya.

 

Lo que haga Neil Young, me importa un pepino si no está apoyado por una causa puramente artística y de dignidad. Algo que parece haber desaparecido del diccionario de las artes.

 

berekekê

 

domingo, 17 de julio de 2022

the musician-composer couple/ La pareja músico-compositor

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De todas la combinaciones, o puestos a seguir con el título, matrimonios, la mejor sin duda es la de ser músico y compositor.

 

A lo largo de la Historia de la Música se destacan indudables bicefalias como W.A. Mozart, Antonio Vivaldi, Domenico Scarlatti, J.S. Bach, Liszt, Chopin, etc., etc., etc.

 

El equilibrio músico y compositor no siempre está compensado y muchos hay que destacan más por sus habilidades instrumentales  que por sus creaciones y viceversa.

 

No es algo obviamente necesario ser un buen instrumentista, y menos con los medios actuales, pero es un plus que facilita mucho el trabajo. De cualquier modo, uno apenas es bueno en un limitado número de instrumentos, es imposible dominar todas las técnicas ni conocer todos los secretos que un determinado instrumento esconde. Tal vez, por esa razón, Chopin se dedicó con exclusividad al piano, instrumento que conocía a la perfección y abandonara otras formas de composición.

 

Como hemos adelantado, no es un sine qua non, lo único realmente creativo es la capacidad del compositor para unir las piezas (véase anteriores post sobre este aspecto).

 

Nadie sabe si las obras teatrales de Moliere hubieran sido peores si no hubiera probado la faceta de actor, de vivir en primera persona sus personajes. Lo traducimos: un pianista juega con cierta ventaja al poder probar de primera mano como funcionaría una determinada línea melódica o armónica si está más familiarizado con el instrumento que alguien que apenas conoce que un piano tiene un martillo que golpea una cuerda y por eso suena. Pero reptamos, no es indispensable y también dependerá del tipo de composición que quiera llevar a cabo.

 

Al laureado Cage le bastaba un público para utilizarlo como instrumento y decir que había creado algo. Posiblemente lo hiciera, lo original estuvo en el atrevimiento. Pero no quiero entrar en debates estériles...

 

Volviendo al asunto, lo que sí parece casi de obligado cumplimiento, si quieres hacer música orquestal, es conocer las peculiaridades de cada instrumento, a veces para infringirlas, como hacía Stravinski. Posiblemente Salieri no llegara a la tesitura de sus carismáticas cantantes, pero seguro que sabía a la perfección en qué momento una nota podría dar al traste con su trabajo.

 

Es frecuente caer en errores, y eso lo saben muy bien los músicos que interpretaron por primera vez la tercera sinfonía de Beethoven. Pero de aquellos errores surge de pronto algo genial, magistral, aunque cueste un poco caro a las articulaciones de los interpretes y alguno maldiga al compositor alemán para el resto de sus días.

 

En este sentido, no siempre la última palabra la tiene el compositor. Si eres pianista, como la gran mayoría de los compositores actuales y algunos del pasado, podrás discutir de lo bien que suena en tu piano algo que quieres que haga un contrabajista, pero tal vez al constructor se le olvidó poner otra cuerda de más para tal fin.

 

Por eso, es esencial encontrar el equilibrio entre lo que uno anhela y lo que relamente se pisa aquí en la Tierra.

 

Los solistas que dominan con maestría su propio instrumento lo tienen más fácil, pero reducen infinitamente su campo de acción y se pierden el placer de la música para dúo, cámara u orquesta.

 

Conozco a compositores que ni conocen los instrumentos ni les importa. Sus composiciones pertenecen a un dominio que no está sujeto a las reglas de la técnica instrumental sino de la creación musical. Y pueden ser válidas en determinadas obras pero entraríamos otra vez en el debate anterior.

 

Actualmente, en el que la mayoría de los compositores trabajan con librerías de sonido y DAW, se impone un cierto dominio de la tecnología. Ello no se traduce en un menor conocimiento de las posibilidades de cada instrumento (a veces demasiado metidas con calzador por las propias limitaciones de la edición de sonidos). En estos casos, es conveniente seleccionar lo que puede ser «creíble» de lo que no, para que no se desangre la mujer que estás cortando con tu serrucho intentando imitar al mejor mago de todos los tiempos.

 

Para un compositor, lo importante es el resultado, no los métodos llevados a cabo para ello. Tanto si eres músico como si no, lo que intentas demostrar es tu talento creativo qie podrá estar en relación directa o no con tus habilidades manuales (para la música).

 

Es muy improbable un divorcio músico-compositor, pero es probable que alguno de los dos domine la relación. Conozco a guitarristas del heavy-metal que funcionan muy bien como virtuosos y muy mal como compositores. En otras ocasiones, por citar a Chopin nuevamente, la alquimia es fantástica.

 

Para ir terminando, ten en cuenta siempre que el objetivo es la composición si eres músico-compositor. Aprovecha las ventajas que lo primero te ofrezca, pero al final tendrás que rendir cuentas por tus creaciones no por el modo en que son interpretadas.


berekekê

 

miércoles, 13 de julio de 2022

HOW TO USE TRADITIONAL MUSIC IN YOUR COMPOSITIONS WITHOUT BEING TOO RIDICULOUS/COMO USAR MÚSICA TRADICIONAL EN TUS COMPOSICIONES SIN HACER DEMASIADO EL RIDÍCULO

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Muchos compositores a lo largo de la Historia de la Música han utilizado como recurso elementos procedentes de la música popular y folclórica. Desde luego, es notorio en el periodo de los nacionalismos, pero también en otros menos impregnados de cierto sentimiento patriótico.

 

El empleo de motivos, ritmos, melodías, armonías, etc siempre es más creíble si procede de tu propia cultura o de raíces más o menos afines a ella. Obviamente esto no garantiza nada, se requiere talento y saber emplearla de un modo que no parezcas un imitador de Houdini intentando librarse sin mucho acierto de su ancla amarrada al cuello. Acabarás ahogándote.

 

Lo primero que debes hacer, tanto si recurres a músicas tradicionales autóctonas como a de otros lugares más exóticos, es TRABAJO DE INVESTIGACIÓN. No te pongas delante de la partitura sin haber realizado un meticuloso estudio de cuáles son los principales aspectos que definen una determinada música tradicional. Esto te llevará tiempo, así que deja la inspiración para un poco más tarde.

 

En mi álbum EL ÁGUILA ROBADA (Stolen eagle), 2.008, me pasé más de un mes estudiando las diferentes culturas nativas que poblaban el continente norteamericano. Además, me puse en contacto con un indio navajo para preguntarle sobre cuestiones relativas a configuración de arquetipos melódicos, armónicos, etc propios de las culturas indígenas. Por último acabé comprándome una flauta doble para vivir en primera persona cómo sonaría esta música ancestral. Pero yo no trataba de hacer música folclórica de los nativos indígenas de Norteamérica, sino tomar «prestado» elementos que pudieran servir para configurar mi propia visión del álbum. Esta es la clave.

 

Otro aspecto importante suele ser LA INSTRUMENTACIÓN. Para «El mundo de Hojyo Takashi», 2.012, que tenía como objeto rendir homenaje al maestro del origami Takashi y la música nipona, tuve que asistir a muchos videos y documentación sobre instrumentos y su uso en determinadas manifestaciones culturales y musicales japonesas. Uno de los instrumentos por excelencia, el shamisen, fue mi nueva adquisición, pero no siempre basta la buena intención, ni la información, ni dejar tu fortuna coleccionando instrumentos que posiblemente sólo uses una vez en tu vida, es normal caer en errores, confundir el azafrán con el colorante amarillo (no es un chiste racista). Algunos temas de aquel álbum posiblemente no suelen demasiado a la tradición japonesa y sí a un conglomerado de ideas de carácter asiático-oriental.

 

Indudablemente el mejor aspecto que debes valorar a la hora de componer música con inspiración tradicional es EL CONTACTO DIRECTO (musicalmente hablando). En «O último tucunaré», 2.010 pagué caro la ocurrencia de elegir un título en portugués y aquella referencia a uno de los peces más apreciados se convirtió en algo extraño simplemente por un error tipográfico. Salvé la ridícula situación acercándome personalmente a las música de Brasil en continuos viajes, escuchando también mucha forró, baião, choro, marcha y tantas y tantas variedades que tiene aquel inmenso país de norte a sur y de sur a norte (para evitar suspicacias y enfados innecesarios). Retomamos nuevamente la idea de que aquel álbum no era otro más de música brasileña, sino apenas un collage de ideas inspiradas en una cultura de una gran riqueza y diversidad. Terminé, más tarde, asistiendo a clases de cavaquinho para tratar de entender mejor aquel swing del que me hablaba mi profesor.

 

Como mencionamos más arriba, la mejor elección siempre será recurrir a lo que ya conoces, has vivido o asimilado por herencia, es decir a lo AUTÓCONO. Mi primer acercamiento tímido fue con «Hórreo» del álbum MIRADORES, 2.003. No obstante, era una música que aún me venía de lejos (más propia del centro-norte de España) para un sureño como yo. La idea era rendir homenaje a las músicas tradicionales de España y al abandono y olvido en que han caído, pero esa es otra historia

 

Sin duda, Plateroideología, 2.006 y Asnografía, 2.009, representan el contacto más de piel a piel en cuanto a acercamiento a músicas de tradición. Quizás el segundo, sea menos «infectado», al que quise dar otro carácter diferente, pero nadie puede salvarse de un contagio tan próximo con referencias tan directas a lo largo de su infancia-adolescencia.

 

Como ya comentamos en anterior post, nada es auténticamente original (a excepción de los Werther´s Orignal). Todo forma parte de relaciones, conexiones y pertenencias a los que uno trata de dar su visión personal. Lo más importantes es huir de clichés y estandarizaciones tratando en todo momento de no caer en algo tan obsceno como una stripper octogenaria.

 

That´s all folks!