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sábado, 9 de julio de 2022

PLANNING A MUSICAL COMPOSITION/PLANIFICAR UNA COMPOSICIÓN MUSICAL

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Como ya hemos comentado en algún post anterior, la inspiración es algo abstracto, carente de rigor científico. Muchas composiciones surgen apenas por el azar. De pronto, vas caminando por la calle y se empieza a fraguar una simple melodía que puede quedar en apenas algo anecdótico o servir de trampolín a algo más serio.

 

En cualquier caso, un compositor está obligado a sentarse todos los días delante de su instrumento habitual o del papel pautado o, más recientemente, del editor de partituras. Este ejercicio es el único realmente válido para la creación de una composición musical. La mayoría de los días estarán bajo el paraguas de la desesperación, de la apatía, de la autoexigencia, del pesimismo y del deseo de abandono. Repito, todos los días hay que sentarse e intentarlo.

 

Creer en las musas es poco práctico aunque pueda sonar muy romántico, como también dije en aquel post, la inspiración es un mundo por conquistar, por descubrir, por saber qué ocurre en la mente de un creador y por tanto, yo no descarto ninguna posibilidad de su poder o existencia. Pero debe seguir el rigor científico, el trabajo constante, el que mande por encima de cualquier otra creencia.

 

La composición es un proceso complejo y existen muchas maneras de abordarla. A veces, como hacen algunos escritores, enfrentándose al papel en blanco sin un guion establecido. Es una opción un tanto aventurera que puede acabar en nada o en todo.

 

Todas estas orientaciones que aquí estamos tratando de mostrar deben ser interpretadas desde la libertad del creador, cosa bien distinta es cuando uno tiene que aceptar un trabajo de encargo en el que intervienen otros factores y del cual nosotros no vamos a tratar en este post.

 

En otras ocasiones el creador ya tiene alguna idea que puede partir de un motivo, del tipo de instrumentación, del estilo e incluso de aspectos extra musicales como la lectura de un libro, la visita a un museo pictórico, el visionado de una determinada película, un paseo por el campo, etc.

 

Cada una de ellas dará lugar a una determinada forma de actuación, pero en todas ellas es importantísimo la planificación.

 

Podríamos aquí entrar en discusiones y divergencias sobre qué papel juega la improvisación en la composición. En mi opinión, la diferencia estriba precisamente en eso, la composición es un trabajo de planificación, no del azar ni la espontaneidad.

 

Con esta planificación habremos logrado centrar nuestro trabajo. Personalmente, me gustan los álbumes conceptuales. Así, en mi caso, planifico pensando en una idea global y no en elementos aislados que luego vienen a dar lugar a un álbum.

 

Trabajar en un concepto te facilita mucho la planificación ya que puedes abordar qué tipo de instrumentación necesitas para el conjunto de tu obra, qué líneas o ejes estarán presentes en la misma, con qué estilo vas a tratarlas entre otras muchas cuestiones. Es una labor muy relacionada con el mundo de las bandas sonoras y como llevan a cabo sus creaciones sus compositores. Al trabajar con temas asilados necesitarás más tiempo y más esfuerzo para la creación, ya que la falta de conexión te obligará a realizar un proyecto a largo plazo hasta que todas aquellas ideas puedan configurarse en algo realmente creativo aún sin tener nexos de unión. Es el método de trabajo de la mayoría de los creadores de música popular como el rock, pop, etc.

 

El primer modelo puede parecer más «acotado», pero en realidad es más libre. El segundo, puede parecer más «libre» pero es el más acotado, ya que está sujetó a las propias limitaciones de tu estilo (rock, pop, etc.). Simplemente son maneras diferentes de trabajar y desde luego no irreconciliables.

 

En el modelo conceptual es más fácil concretar las ideas que se van agolpando en tu cabeza. Muchas veces me he tenido que levantar a medianoche a grabar o anotar algo que estaba ahí dándome vueltas (tal vez eso que llaman inspiración) porque al día siguiente probablemente habrá desaparecido del laberinto de las ideas obligado por otros quehaceres de la frenética vida cerebral del ser humano.

 

Estas ideas que van surgiendo deben ser, como hemos dicho, registradas pero no abordadas todas a la vez como quien se da un atracón de pizza Pepperoni, hay que dejar reposarlas y cerrarse tan sólo en una de ellas para realizar el duro ejercicio de hacer fértil aquel germen que debe crecer y transformarse en un organismo completo con su esqueleto, sus músculos, sus vasos sanguíneos, sus glándulas, etc. Esta será la mayor parte de tu trabajo creativo, el dar forma a la semilla y créeme que no es tarea fácil.

 

Existen muchos factores para elegir qué tipo de esqueleto, músculos, etc. vamos a usar para nuestra creación. La instrumentación puede venir condicionada en el caso del trabajo conceptual si quieres dar unidad a tu álbum. Elegir la instrumentación es más importante de lo que puedas imaginar. En mis álbumes Cuaderno de campo: de marismas, ríos y mares, 2.010 y 9 momentos inolvidables más un sentimiento infantil, 2.016, me interesaba el carácter intimista de ambos trabajos aunque por diferentes razones. En el primer caso, como un reto de concretar toda una idea en tan sólo tres instruemntos que empastaban muy bien. En el segundo (un tanto biográfico), por ese carácter personal.

 

En ocasiones te encontrarás con un dilema, como en El correo del zar, 2.020, en el cual no podía desperdiciar la oportunidad de hacer un arreglo orquestal para «Marfa o la patria rusa». El propio concepto elegido condicionará a veces tu instrumentación como en El mundo de Hojyo Takashi, 2.012.

 

Aunque parezca todo tan racional, medido, milimetrado, me gusta dar un márgen a la libertad. En la mayoría de los casos dejo que las composiciones se construyan solas, sin premeditar su forma, o su final, es algo que también suelo hacer con la orquestación y la construcción armónica, melódica y rítmica de mis trabajos. El ensayo-error también funciona en la composición musical y puedes llegar a sorprenderte de momentos en que no podrías concretar una idea y después de probar diferentes opciones surge aquello que te parece único, genial. Pero, no te confundas, hay un plan antes de todo esto.

 

A modo de conclusión:

 

Pocas composiciones salen del papel en blanco. Cuando W.A. Mozart se enfrenta al Réquiem K. 626, estaba condicionado por las propias reglas de una misa fúnebre, por el estilo, por el momento histórico, por el carácter. Cuando Antonio Vivaldi compone sus Cuatro estaciones también lo está por su contexto histórico y por lo que quiere representar en cada una de ellas (lluvia, pájaros, etc.). Ambas obras maestras están planificadas y responden a una organización interna, brillantes sólo por la excelencia de grandes creadores.

 

Como hemos dicho, hay infinidad de fórmulas para adentrarse en el intrincado mundo de la composición, pero sin planificación será muy difícil que todo tenga consistencia y coherencia, aún así, sin un trabajo previo, es posible obtener algo más o menos genial, pero la tendencia es probable que caiga más del lado de lo meramente anecdótico.

 

 

berekekê