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lunes, 18 de julio de 2022

REAL ALTERNATIVES TO THE MUSIC INDUSTRY/ ALTERNATIVAS REALES A LA INDUSTRIA MUSICAL

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La industria musical siempre ha sido calificada del peor mal de los artistas. En cierto modo es verdad, decía en una entrevista el productor Julián Ruiz, que cierto grupo nacional español que tuvo gran repercusión en los ochenta-noventa de la década pasada, ha perdido todos los derechos de su obra por los contratos que entonces se firmaban. En otra entrevista, Tibu, mánager y músico que fuera de la banda Banzai declaró que los contratos discográficos se firmaban en una servilleta de bar.

 

Son apenas dos ejemplos significativos de cómo funciona este mundillo (lo del diminutivo tiene una doble interpretación).

 

Actualmente existe una nueva industria musical, movida por la resignación de los artistas a recibir y vivir de la limosna que le brindan los gigantes del streaming. Me sigue pareciendo asombroso que Neil Young retirara su discografía de una de estos chupasangre  por motivos extra musicales. Es decir, por cierto podscat sobre la covid19, cuando realmente lo debería haber hecho por sentido común, por respeto al arte y por dignidad profesional. Claro, que a Neil Young le importa un bledo todo teniendo la fortuna que tiene. Así se mide el compañerismo en este oficio de la música.

 

Ya lo dije en cierta ocasión y lo mantengo. Por un lado, no descansaré de criticar a estas sanguijuelas que se aprovechan del arte para sacarte hasta la última gota de sangre y , por otro, que la alternativa estaba en los discos de vinilo.

 

Ramoncín, artista reconocido en España, hizo una interesante declaración al respecto. El oído emocional. No puedo estar más de acuerdo, pero es que además hay que dignificar el trabajo del artista. El que quiera música tiene que pagar por ella y no con limosnas. Es de juzgado de guardia que alguien pueda confeccionar una lista, como hizo un ucraniano, y ganar dinero a costa tuya y que aún sigan funcionando plataformas de esta calaña y que los artistas sigan rascándose el culo porque tienen lombrices, en lugar de comprarse un producto que las erradique.

 

 

Y lo peor está por venir, como dijo cierta ministra española. Con un IVA cultural de tal magnitud estrangulando sin reparo a los artistas que han tenido además que hacer frente a los efectos resacosos de la pandemia, con la crisis que se nos viene encima, con las plataformas de mierda que gobiernan el mercado; plantearse vivir de la música hoy es un suicidio en toda regla.

 

Hay además, como en mi caso, un efecto de agresión a la privacidad, cuando me quedé en shock al ver mi nombre y apellidos publicado en cierta plataforma sin autorización previa, así, tal cual. Fue entonces que comprendí que les importas muy poco y toda mi discografía fue sacada de las manos de estos ladrones de guante blanco. Aún así, tienen la desfachatez de seguir utilizando tus portadas y tus canciones que ya no están disponibles, para su reclamo publicitario. Es nauseabundo y no sé cómo hay quien no quiere verlo (me refiero a los artistas).

 

Si por cualquier motivo sigues pensando que el vinilo no es la solución, es respetable. Entonces te recomendaría que te olvides de intermediarios y crees una web donde puedas vender tu música. Esto tiene muchas ventajas: controlarás el mercado, tendrás clientes fieles que les interesa tu trabajo (no poner tu música en la barbacoa porque queda bien), y la manera en que decides grabar, producir y distribuir tus creaciones.

 

Todas estas recomendaciones serán de obligado cumplimiento si además no puedes dar conciertos, como es mi caso o el de muchos artistas que hacen un tipo de música muy dificil de trasladar a una sala de conciertos (por cuestiones técnicas o económicas).

 

Si lo que de verdad te interesa es la fama, entonces, olvídate de este post, no es para ti. Tendrás millones de reproducciones de tu música en las cuevas de ladrones y cómo no te importa, otros se ganarán la vida a costa tuya.

 

Lo que haga Neil Young, me importa un pepino si no está apoyado por una causa puramente artística y de dignidad. Algo que parece haber desaparecido del diccionario de las artes.

 

berekekê