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domingo, 17 de julio de 2022

the musician-composer couple/ La pareja músico-compositor

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De todas la combinaciones, o puestos a seguir con el título, matrimonios, la mejor sin duda es la de ser músico y compositor.

 

A lo largo de la Historia de la Música se destacan indudables bicefalias como W.A. Mozart, Antonio Vivaldi, Domenico Scarlatti, J.S. Bach, Liszt, Chopin, etc., etc., etc.

 

El equilibrio músico y compositor no siempre está compensado y muchos hay que destacan más por sus habilidades instrumentales  que por sus creaciones y viceversa.

 

No es algo obviamente necesario ser un buen instrumentista, y menos con los medios actuales, pero es un plus que facilita mucho el trabajo. De cualquier modo, uno apenas es bueno en un limitado número de instrumentos, es imposible dominar todas las técnicas ni conocer todos los secretos que un determinado instrumento esconde. Tal vez, por esa razón, Chopin se dedicó con exclusividad al piano, instrumento que conocía a la perfección y abandonara otras formas de composición.

 

Como hemos adelantado, no es un sine qua non, lo único realmente creativo es la capacidad del compositor para unir las piezas (véase anteriores post sobre este aspecto).

 

Nadie sabe si las obras teatrales de Moliere hubieran sido peores si no hubiera probado la faceta de actor, de vivir en primera persona sus personajes. Lo traducimos: un pianista juega con cierta ventaja al poder probar de primera mano como funcionaría una determinada línea melódica o armónica si está más familiarizado con el instrumento que alguien que apenas conoce que un piano tiene un martillo que golpea una cuerda y por eso suena. Pero reptamos, no es indispensable y también dependerá del tipo de composición que quiera llevar a cabo.

 

Al laureado Cage le bastaba un público para utilizarlo como instrumento y decir que había creado algo. Posiblemente lo hiciera, lo original estuvo en el atrevimiento. Pero no quiero entrar en debates estériles...

 

Volviendo al asunto, lo que sí parece casi de obligado cumplimiento, si quieres hacer música orquestal, es conocer las peculiaridades de cada instrumento, a veces para infringirlas, como hacía Stravinski. Posiblemente Salieri no llegara a la tesitura de sus carismáticas cantantes, pero seguro que sabía a la perfección en qué momento una nota podría dar al traste con su trabajo.

 

Es frecuente caer en errores, y eso lo saben muy bien los músicos que interpretaron por primera vez la tercera sinfonía de Beethoven. Pero de aquellos errores surge de pronto algo genial, magistral, aunque cueste un poco caro a las articulaciones de los interpretes y alguno maldiga al compositor alemán para el resto de sus días.

 

En este sentido, no siempre la última palabra la tiene el compositor. Si eres pianista, como la gran mayoría de los compositores actuales y algunos del pasado, podrás discutir de lo bien que suena en tu piano algo que quieres que haga un contrabajista, pero tal vez al constructor se le olvidó poner otra cuerda de más para tal fin.

 

Por eso, es esencial encontrar el equilibrio entre lo que uno anhela y lo que relamente se pisa aquí en la Tierra.

 

Los solistas que dominan con maestría su propio instrumento lo tienen más fácil, pero reducen infinitamente su campo de acción y se pierden el placer de la música para dúo, cámara u orquesta.

 

Conozco a compositores que ni conocen los instrumentos ni les importa. Sus composiciones pertenecen a un dominio que no está sujeto a las reglas de la técnica instrumental sino de la creación musical. Y pueden ser válidas en determinadas obras pero entraríamos otra vez en el debate anterior.

 

Actualmente, en el que la mayoría de los compositores trabajan con librerías de sonido y DAW, se impone un cierto dominio de la tecnología. Ello no se traduce en un menor conocimiento de las posibilidades de cada instrumento (a veces demasiado metidas con calzador por las propias limitaciones de la edición de sonidos). En estos casos, es conveniente seleccionar lo que puede ser «creíble» de lo que no, para que no se desangre la mujer que estás cortando con tu serrucho intentando imitar al mejor mago de todos los tiempos.

 

Para un compositor, lo importante es el resultado, no los métodos llevados a cabo para ello. Tanto si eres músico como si no, lo que intentas demostrar es tu talento creativo qie podrá estar en relación directa o no con tus habilidades manuales (para la música).

 

Es muy improbable un divorcio músico-compositor, pero es probable que alguno de los dos domine la relación. Conozco a guitarristas del heavy-metal que funcionan muy bien como virtuosos y muy mal como compositores. En otras ocasiones, por citar a Chopin nuevamente, la alquimia es fantástica.

 

Para ir terminando, ten en cuenta siempre que el objetivo es la composición si eres músico-compositor. Aprovecha las ventajas que lo primero te ofrezca, pero al final tendrás que rendir cuentas por tus creaciones no por el modo en que son interpretadas.


berekekê